Siete años después del rodaje de Hotel Asturies, la productora asturiana De la Piedra vuelve a impulsar una película que documente la realidad del momento del cine asturiano. El nuevo filme, segunda parte del dirigido por Ramón Lluís Bande en 2018, mantiene tanto el dispositivo formal como los objetivos fundamentales: dejar capturada en el tiempo la presencia asturiana en la correspondiente edición del Festival Internacional de Cine de Xixón (FICX), en este caso la número 62, y convidar a un grupo de cineastas a generar una reflexión colectiva abierta a diferentes sensibilidades sobre el estado de la cuestión.
Los directores invitados por el filme, con un amplio arco de edades, son los cuatro que compiten en las secciones oficiales, número inédito en la historia del cine asturiano: Pablo Casanueva, con Luna en Retueyos; Alicia Moncholí y Diego Flórez, con Campolivar y Una lluz, respectivamente, en Cortometrajes Oficial, y el propio Bande, con Retaguardia en Albar. También otros cineastas con presencia en otras secciones del festival: Álex Galán, con Territory; Maryam Harandi, con La palmera; Sergio Montero, uno de los directores de Tres hombres no pueden ocultarse bajo la tapa de un puchero; Omar Tuero, con L’escaezu de les piedres; Ana G. Argüelles, con Festina Lente, o Manuel García Postigo, con Montiana. Entre hórreos y chimeneas.
En esta ocasión, el director del proyecto es Tito Montero, uno de los cineastas entrevistados en la primera película, que ha mantenido desde entonces una intensa actividad cinematográfica de reflexión sobre el paisaje y el territorio. En esta edición del certamen, el creador ovetense forma parte del Jurado Tierres en Trance, la competencia internacional en la que participó en 2022 con su último largometraje, Hilos –Premio DAMA al Mejor Guión de Película Española del 60 FICX y Premio del Público a la Distribución en su sección–.
El dispositivo: la puesta en abismo, cineastas ante la cámara
El rodaje hereda la forma propuesta por Ramón Lluís Bande en la primera parte. El director gijonés desplegó en noviembre de 2018 un particular dispositivo cinematográfico en una habitación del Hotel Asturias –icónico establecimiento hotelero, situado en la Plaza Mayor gijonesa, que José Luis Garci ya utilizó como localización en Volver a empezar–. Allí, nueve directores asturianos que participaban con alguna película en la 56 edición del FICX opinaron, en soledad ante la cámara –lo que Bande denominó como «puesta en abismo»–, sobre la posibilidad de existencia de un cine asturiano, sus retos y características.
Aquel experimento lo cerró un invitado ajeno a la realidad asturiana, un verso libre, el cineasta Javier Rebollo. Es ese final es el que toma como punto de partida el filme Montero para esta segunda parte: «A mi entender, Rebollo ofreció la idea más coherente sobre el tema: una cinematografía propia sólo puede existir si lo hace frente a otras. O existe frente al cine español, incluso frente al otro cine español, o es cine español. Una afirmación sencilla, de una contundencia inapelable, en la línea de la reflexión de Adorno: “el arte sólo es en relación con su otro; el arte es litigio contra su otro”».
El dispositivo ideado por Bande dialogaba, conscientemente humilde desde la diferencia y la distancia, con Room 666 –la película que Win Wenders rodó durante el Festival de Cannes de 1982 y en la que cineastas como Antonioni, Godard, Fassbinder, Herzog, Hellman o Spielberg, que ese año participaban en el certamen, exponían sus ideas sobre el incierto futuro del cine tras la eclosión de la televisión y el vídeo–.
Dentro de una investigación sobre un cuarto de siglo de cine asturiano
El filme entra también dentro de la órbita de investigación doctoral que el propio Montero está desarrollando en la Universidad de Oviedo: La construcción del cine asturiano a comienzos del siglo XXI. El objeto de estudio son el conjunto de películas de no ficción producidas en Asturias en las cinco últimos lustros que compartan líneas de ataque formal y preocupaciones éticas y estéticas similares o, cuanto menos, identificables y comparables. Cintas que, en su mayoría, trabajan el lenguaje cinematográfico desde una perspectiva cultural no mercantilizada. Un perfil que apunta una tendencia posible y que, por otro lado, es el que ha conseguido generar un foco atención en los últimos años e, incluso, reconocimiento internacional.

Tito Montero con Maryam Harandi, en el rodaje de la segunda parte de Hotel Asturies